Salud para las mujeres

El 28 de mayo es el día internacional de acción por la salud de la mujer, creado para recordar la necesidad de profundizar en la resolución a las problemáticas que viven las mujeres con el cuidado, acceso y mantenimiento de su salud. Por lo que me pareció un buen punto de partida, en este espacio, compartir algunas reflexiones al observar ciertas relaciones entre el género y la salud mental, en mi práctica profesional. Espero que lo que hoy vengo a compartirte sea de utilidad para iniciar el camino del cuestionamiento o abone a lo que ya transitaste, de una u otra forma es importante mencionarte que lo siguiente son reflexiones mías que quiero compartirte para dialogar.

Para empezar a entender cómo el género tiene influencia en el comportamiento y cómo somos tratad@s, es necesario hacer consciencia de que somos seres sociables; en consecuencia, hay formas de actuar que se esperan de nosotr@s y también, muchas de esas expectativas son condicionadas a características individuales/comunitarias, por ejemplo: el género. Centrándonos en esa condicionante (el género), esto quiere decir que la sociedad espera ciertos comportamientos de lo que ve como masculino y espera otros comportamientos de lo femenino. Recordando lo que nos trae a este espacio, me centraré ahora en las expectativas hacia lo femenino y cómo considero que impacta en la salud mental

Ahora bien ¿qué relación tiene el género con la salud mental? mucha. Nuestra gestión emocional, uno de los pilares de la salud mental, está relacionada con nuestras acciones y algunas de ellas se ven atravesadas por el género; por ejemplo: el cómo nos tratamos, cómo nos hablamos, lo que pensamos de nosotras mismas, la forma en la que actuamos para atender nuestras emociones, entre otras acciones más se ven impactadas de una manera particular cuando el cuerpo que las ejecuta es leído como femenino. En mi práctica profesional con mujeres, he notado un patrón el el autoconcepto que cada mujer tiene, en el cual existe una desvalorización hacia lo que es propio como sus metas, recursos, conocimiento y emociones; siendo estás últimas, tachadas de «intensas» o «locura» ¿qué pasa cuando no aceptamos lo que sentimos? nos pega más fuerte, hasta que lo aceptemos y trabajemos.

Expresándonos de nosotras mismas con comentarios del estilo «fui demasiado dramática», «quizá estoy loca» o «ahí voy de histérica», solo minimizan lo que ocurre dentro de ti. Cabe aclarar, que no es que las mujeres lleguen por su cuenta a la conclusión de que son «dramáticas» o «locas», hay una serie de experiencias en sus historias personales en las que han sido señaladas con esa etiqueta que se va convirtiendo en una carga pesada y disfuncional, que solo limita las posibilidades de acción de cada una. Trabajar con la autopercepción si requiere de profundidad, por lo que es recomendable acudir a un espacio profesional que te ayude a generar las herramientas de aceptación y validación de ti misma.

Cabe aclarar que es válido atravesar distintas etapas de negación y aceptación de nuestro ser, aprender a ver las diferencias que el género genera en cómo vivimos esas etapas me parece que es de ayuda para diferenciar aquello que necesitamos o queremos desaprender. Esto me lleva al segundo punto para reflexionar, pues ir gestionando esa travesía que implica la auto-aceptación, tiene mucha relación con poner límites, acción que no es ejecutada y/o recibida igual cuando el género aparece, he observado con frecuencia que el poner límites para las mujeres representa mucha ansiedad, temor y/o culpa, como si su auto-cuidado y crecimiento fuese algo que intencionalmente está hecho para dañar a otras personas. Se utiliza la palabra egoísmo como un obstáculo que impide avanzar a aquello que sí se quiere o necesita. Aprender a priorizarnos es un acto clave para nuestra salud mental, muchas veces nuestras decisiones van a trazar límites que serán importantes de cuidar.

Me parece que para que una sociedad prospere es necesario que las personas que la componen sean capaces de construir su bienestar, es un trabajo bilateral, pues las condiciones para que eso ocurra también tienen un grado de acción comunitaria. Entonces, trabajar para mejorar la calidad en el acceso y cuidado de la salud de las mujeres, es pieza fundamental, mujeres sanas nutren sociedades sanas. Compartirte estas observaciones, repito, es con la intención de generar un dialogo que nos permita entender las diferencias y usarlas de maneras más adecuadas para nuestro crecimiento como personas, como mujeres. Identificar los patrones que el género nos hace repetir una y otra vez, es necesario para aprender a limitar aquello que sí deseamos seguir reproduciendo y lo que no.

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