¡Hasta aquí! ¿se acabó?

NOTA IMPORTANTE: el siguiente artículo no puede ser utilizado para analizar relaciones violentas. Si tienes duda sobre cómo es una relación violenta puedes revisar el artículo ¡Basta de violencia de género!

Te ha pasado que ante situaciones incómodas, que son repetitivas, dices «¡Basta!» y luego te preguntas ¿qué sigue?, puede ser que ¿te cuesta decir que no? quizá, al hacerlo ¿sientes culpa o vergüenza después?. Lo anterior es muy frecuente, por lo que una vez más, quiero compartirte información que te ayude a equiparte mejor para construirte de manera sana y benéfica para ti; así como, en el ámbito social puedas generar espacios de seguridad y cuidado. Entonces, me pareció lógico que si ya había escrito sobre comunicación, relaciones y responsabilidad afectiva; ya es momento de hablar de aquello que va a cuidar todo eso y que son: los límites.

Si nos vamos al sentido más básico, los límites son fronteras entre una cosa y otra. Cuando aterrizamos eso en nuestras relaciones humanas, habrá que pensar en esas fronteras como un factor que determine lo cercano o distante que yo (no) quiero que algo/alguien este de mí. Entonces, al momento en que yo deseo algo permito que se acerque, tenga derechos sobre ciertas cosas y se genere un vínculo íntimo. Sin embargo, cuando yo no deseo algo lo que ocurre es que se marca distancia, no hay permiso para ciertas cosas y tampoco existe la intimidad; por tanto, el límite está procurando mi seguridad y bienestar pues dice que NO a lo que no deseo y me acerca a lo que sí, es por esto que los límites no se consultan, se respetan.

Pienso que los límites, como los celos, son muy mal entendidos y muchas de las ideas que la sociedad nos introyecta van distorsionando su función; por ejemplo, que alguien se moleste cuando pones un límite, esto puede generar que la persona que puso el límite se cuestiones la validez del mismo, bloqueando a futuro la posibilidad de volverlo a hacer cuando es necesario. Ante esta situación es importante aprender a trazarlo, entendiendo que toda petición está enmarcada en el consentimiento si no es así entonces hablamos de una imposición; por tanto, las palabras no y sí pueden volverse cotidianas y librarse de esa connotación social de violencia o pasividad. Me gusta hacer la analogía de que los límites son un escudo, su función es proteger de cualquier peligro para acercarte a un espacio seguro, en consecuencia usarlo para protegerte es lo adecuado. Cabe mencionar que, esta herramienta que permitirá tu (auto)cuidado, la estabilidad de tu bienestar y que tus relaciones estén unidad por la aceptación de las diferencias, es un camino que se construye todos los días con pequeños pasos.

Es importante aclarar que los límites son necesarios en la vida, debido a que no ponerlos tiene sus consecuencias manifestadas en el abuso, en situaciones de desigualdad, en el descuido de tus necesidades y esto que va ir escalando, si no se ponen limites. Ahora bien, muchas veces me encuentro en terapia ante la siguiente pregunta ¿qué pasa si no respetan mi límite? y mi respuesta es respétalo tú, pues si no somos la primera persona en respetar nuestros límites, las bases de lo que aportamos en nuestras relaciones serán muy frágiles, retirarnos es válido si no nos respetan y cuidan. Es humano que nos cueste poner límites, todas las personas cargamos con heridas que los fracturan, por lo que se vuelve inevitable construirlos y darles mantenimiento.

Construir los límites y mantenerlos, es un trabajo personal, en el cual cada persona necesita hacer su trabajo atendiendo sus necesidades personales de acuerdo al momento presente (claro que puede apoyarse del pasado), para construir y dar mantenimiento a sus límites. Por lo tanto, antes de compartirte algunas recomendaciones para ponerlos, quiero aclarar que toda la información que puedes consultar por tu cuenta, como este artículo, NO sustituyen la terapia; misma que tiene la particularidad de ser un proceso especializado, personalizado y seguro para explorar ese objetivo. Es por eso que lo que quiero compartirte en este espacio son recomendaciones generales, que pueden ser un buen inicio para acercarte a la responsabilidad de tus límites:

– Claridad en ti mism@: aprender a identificar tus deseos, emociones, lo que aceptas y quieres en tu vida así como aquello que no, lo que te da tranquilidad o te la resta. Analizar estos elementos brinda mucha información sobre tus límites, pues al permitirte reflexionar será posible ver las fronteras que quieres colocar. Para este punto, las emociones son fundamentales para esto pues son la base para identificar nuestros límites.

– Aceptar: tanto a ti mism@ como a quienes te rodean. No es lo mismo que estar de acuerdo, aceptar implica estar conscientes del cambio y la diferencia que como seres humanos constantemente vivimos, comprendiendo el miedo que esto genera y aun así dar el paso a lo que sea mejor para ti. No es posible cambiar a las personas, por lo que tienes el derecho a decidir cómo te quieres quedar o cómo te quieres ir.

– Comunicación: si ya has leído los otros artículos de los cuales te hablaba al inicio, podrás observar que algo que se repite mucho en todos ellos es la utilidad que brinda aprender a comunicarnos, aprender a ser personas con habilidades asertivas, aprender a negociar, a dialogar, escucharnos y comprendernos. Si quieres leer más al respecto puedes visitar el artículo.

Los tres elementos anteriores permiten cambios profundos en nuestras vidas y se pueden ir aterrizando en prácticas cotidianas, para ir aprendiendo personalmente el uso adecuado. Para terminar, quiero invitarte a que te des la oportunidad de revisar, no de juzgar, ¿cómo vas en la construcción y mantenimiento de tus límites? o ¿cada cuándo usas tus escudos? y ver si es necesario trabajar un poco en ello, a tu forma y ritmo. Recuerda que los límites no se consultan, se respetan, por lo que toma ese poder y úsalo para cuidarte mejor que ayer.

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