NOTA IMPORTANTE: el siguiente artículo no puede ser utilizado para analizar relaciones violentas. Si tienes duda sobre cómo es una relación violenta puedes revisar el artículo ¡Basta de violencia de género!
Durante el mes de febrero estuve compartiendo información sobre las relaciones sociales, al ser un tema que se puede abordar desde distintas aristas, por lo complejo que resulta ser, me parece importante seguir dedicando un poco más de tiempo a nutrir esa información y continuar con herramientas para la construcción de relaciones sanas y adecuadas para cada persona. Es por ello, que durante el mes de marzo quiero compartirte contenido útil de un concepto que quizá ya escuchaste en algún lugar: la responsabilidad afectiva.
El concepto de responsabilidad afectiva tuvo su auge hace algunos años, a partir de estudios feministas se empezó a cuestionar lo que ahora se conoce como «amor romántico» y; a la par, se inició la teorización y aplicación de herramientas que sirvieran para contrarrestar el impacto negativo que tiene el amor romántico en las personas (principalmente en las mujeres) y en nuestra relaciones. En consecuencia, actualmente podemos disponer de la responsabilidad afectiva como un elemento más para nutrir nuestra inteligencia emocional y cuidar nuestras relaciones sociales.
Ahora bien ¿qué es exactamente la responsabilidad afectiva? es la capacidad individual de hacer consciente que nuestras acciones tienen consecuencias en nuestras relaciones. Profundizando un poco más lo anterior, es hacerme cargo de mis decisiones, acciones y emociones sabiendo que éstas tendrán un impacto positivo o negativo en las personas que me rodean, con el objetivo de evitar el sufrimiento. Esto facilita la construcción y mantenimiento de relaciones equitativas y de igualdad.
Un hecho que observo mucho en consulta es que, por lo general, se entra a una relación suponiendo un sin fin de acuerdos, de objetivos, de metas y de necesidades; creando así una ola de malos entendidos que terminan por perjudicar la relación (esto no es exclusivo de las relaciones de pareja). Constantemente repito «suponer, mata las relaciones«, puesto que esto impide que exista una comunicación explícita y clara de lo que se quiere o espera de la relación en cuestión, suponer es decidir y actuar sobre las otras personas pues éstas no son tomadas en cuenta. Personalmente lo observo de la siguiente manera: ser responsables afectivamente implica construir un puente entre mis necesidades, decisiones y vulnerabilidad y las necesidades, decisiones y vulnerabilidad de las personas con las que me relaciono; implica cuidarnos mutuamente para disfrutar de lo que se está viviendo en el presente.
Cuando hablo de responsabilidad afectiva en el consultorio es común la pregunta «¿cuándo es el mejor momento para hacerlo?» la respuesta corta es todo el tiempo y desde el día uno. Sin embargo, ese es un ideal, que muchas veces no concuerda con la realidad por distintos motivos, por lo que sugiero empezar cuando te sientas cómod@ de hacerlo y a partir de ahí seguir practicando su uso. Todas las relaciones saludables necesitan de la responsabilidad afectiva, no importa el tipo de relación, su duración o las expectativas que se tienen ya que lo que se quiere cuidar son las emociones de todas las partes implicadas.
Antes de ir a la parte de cómo practicarla, quiero aclarar que: no se trata de vivir para las otras personas pues tú eres tu prioridad; dicho de otro modo, es prioritario cuidar tu seguridad así como tu salud mental y eso no impide que puedas tomarte un momento para ver a l@s demás y abonar a su cuidado con lo que tú puedes gestionar. Recuerda que solo tenemos control de lo que sentimos, pensamos y de nuestros actos; busca ser coherente entre lo que dices y lo que haces.
Entonces, con el fin de practicar la responsabilidad afectiva, me parece pertinente desglosar algunos elementos que la componen. La intención de lo que continuación compartiré no es generar un check-list, ni señalar que la falta de algunos de estos elementos en automático convierte la relación en tóxica. La idea es que observes en qué necesitas enfocarte para mejorar la forma en que te relacionas y, nuevamente, buscar que exista coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Los elementos son los siguientes:
1) Consciencia de las consecuencias (positivas y/o negativas): esta es la base, como te mencionaba al inicio del artículo, saber que nuestras decisiones y acciones tienen consecuencias que implican a l@s otr@s, permite gestionar de maneras diferentes nuestros pasos en la vida. No se trata de que te limites o excedas para satisfacer o impedir el sufrimiento en otr@s, sino de ser empátic@ para no dañar a otras personas.
2) Asumir el compromiso de generar acuerdos: todas las relaciones implican grados de compromiso y creación de acuerdos, éstos son negociables y flexibles pues las personas cambiamos con el tiempo, lo cual es válido. Lo que no resulta válido, es ocultar información que impida que otr@s puedan tomar decisiones desde la libertad y autonomía.
3) Comunicación asertiva: para relacionarnos si o si es necesario comunicarnos, la comunicación asertiva por sí misma es una herramienta y también es un componente de la responsabilidad afectiva. Se trata de validarme y validar a la otra persona, puedes profundizar más este comportamiento comunicativo en el ¿comunicas lo que quieres?.
Estos tres elementos son de suma importancia para practicar la responsabilidad afectiva, cada uno de ellos por sí mismo tiene una función en las relaciones y, en conjunto, se convierten en esta herramienta para la inteligencia emocional y la construcción de relaciones sanas. NO se trata de usar esta información como un arma, sino como (repito) una herramienta. La información que te comparto hoy no es para ir señalando las faltas propias o de otras personas, sino para hacernos responsables de aquello que nos corresponde y limitar aquello que no está en nuestro control.
Por último, quiero decirte que la responsabilidad afectiva me parece que es un acto de amor hacia si mism@ y quienes nos rodean, pues si el objetivo es generar relaciones equitativas y desde la igualdad, pienso que la mejor manera de decirle a las personas (y a ti) cuánto las amas es invitando a la horizontalidad, el dialogo y el cuidado ¿a ti qué te parece?.

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