Expectativas ¿amigas o enemigas?

A veces llegan al consultorio personas que buscan «eliminar» sus expectativas de alguna situación, objeto, persona… y me parece que más que eliminarlas, es mejor saber para qué y cómo utilizarlas. Como toda herramienta, las expectativas por sí mismas no son buenas o malas, lo que es posible identificar como adecuado o inadecuado es cómo utilizamos nuestras expectativas en el día a día o en determinadas situaciones, ¿te interesa saber un poco más? continuemos entonces.

En su definición más básica la palabra expectativa significa: esperanza de realizar o conseguir algo. Ahora bien, cuando depositamos nuestra esperanza en algo dependiendo de cómo resulte es que experimentaremos emociones displacenteras o placenteras, entre las cuáles pueden estar la frustración y la decepción o la satisfacción y la felicidad, en respectivo orden. Las expectativas nos invitan a visualizar nuestro futuro, cuestión que puede ser placentera o dolorosa, en ambos casos nuestro cerebro utiliza la información para facilitar la evitación del dolor o la búsqueda del placer.

De acuerdo a lo anterior, las expectativas tienen una función razonable que incluso puede ser utilizada para nuestra supervivencia. Entonces ¿cuándo se crea el conflicto? en el momento en el que mis expectativas se alejan de forma considerable de mi realidad. Por ejemplo, si yo vivo en una parte de la ciudad que no es segura, en la que los índices de delitos va en aumento y con ello la impunidad, mi cerebro hará la expectativa de que un asalto es una posibilidad, esta información a futuro la puedo usar de muchas formas tanto benéficas como perjudiciales: cómo aprender autodefensa para darme una ventaja en situaciones de peligro o ponerme una pulsera roja* para la protección, cuestión que puede ponerme en desventaja dentro de ese contexto.

Por tanto, nuestras expectativas pueden nutrir o marchitar nuestra sensación de estabilidad. En la medida en que favorezcan y sumen a mi realidad más satisfactorio será cumplir con la expectativa; en cambio, mientras desfavorezca y reste a mi realidad menos satisfactoria será la expectativa. Es por esto que me parece importante aclarar que, nuestras expectativas son nuestra responsabilidad pues es a nuestra realidad a la que suman o restan; por lo que, depositar nuestras expectativas en otras personas o situaciones fuera de nuestro control puede resultar incómodo o incluso doloroso.

Con lo anterior, me gustaría ejemplificar una situación de relación de pareja: supongamos que por x situación tú tienes la expectativa de ver con mayor frecuencia a tu pareja, esto lo puedes utilizar de forma que te beneficie o de forma que te perjudique y; por ejemplo, podrías comunicar tu expectativa de verse con mayor frecuencia a raíz de la x situación y entonces negociarlo o podrías solamente esperar a que ocurra, cuestión que si no resulta trae consigo la decepción, la frustración, el resentimiento, el dolor… entre otras. La idea es que tus expectativas sean una brújula que guíe la dirección en la que quieres relacionarte, entendiendo que la otra persona tiene sus límites y que se negociará la forma en que se atienda lo que ahora se convierte, en una petición.

Por todo lo anterior es que creo que las expectativas nos invitan principalmente a dos cosas: 1) a construir nuestro futuro y 2) a hacernos cargo de darle mantenimiento a esa construcción. Entonces, antes de empezar con las recomendaciones, quiero aclarar que nada sustituye el proceso que se viven en psicoterapia, el trabajo que se puede realizar con las expectativas dentro de ese espacio es insustituible por lo personalizado que se vuelve, esto no invalida herramientas de uso general que pueden ayudar o facilitar el inicio de tu trabajo personal. Dicho eso, te comparto dos herramientas de utilidad:

  1. Aceptar tu situación: es de importancia entender que tus expectativas son dolorosas cuando se alejan considerablemente de tu realidad. Por tanto, comprender tu contexto es de ayuda para ajustar lo que estás esperando ¿cómo puedes aterrizar mejor tu situación? En una hoja de papel traza una tabla con tres columnas: 1) ¿qué estoy esperando?, 2) ¿qué estoy haciendo mientras espero? y 3) ¿es posible recibirlo? (si o no y ¿qué lo impide o facilita?), posteriormente con mucha sinceridad contesta las preguntas basándote en la situación que quieres concretar. Identifica la información que te sea de utilidad para pedir ayuda o resolver.
  2. Responsabilizarnos: hay muchas razones por las cuales nuestras expectativas pueden no cumplirse, esto no tiene por qué ser una situación que te deje sin agencia. Incluso en situaciones que no son lo que esperabas, tienes la posibilidad de hacer algo ¿no sabes por dónde empezar? toma la tabla que hiciste para aceptar tu situación, concéntrate en la columna 1 y eso que esperas conviértelo a una petición, luego observa tu columna 3 y valora la necesidad de expresar tu petición, por último revisa tu columna 2 y date cuenta de todo lo que has hecho; lo cual, por sí mismo es una ganancia para ti si lo miras como un aprendizaje.

Me parece que aceptar nuestro contexto nos ayuda a responsabilizarnos de nuestras expectativas, para entonces decidir de forma consciente qué queremos hacer con ellas. Es entonces que pueden convertirse en nuestras amigas y cómo ocurre con todas las amistades tendrán conflictos, mismos que podrán resolver ¿ya descubriste si tus expectativas son tus amigas o tus enemigas? para finalizar quiero recordarte que la información hasta aquí compartida, es con la intención de aportar a la construcción de tu bienestar y que si tienes alguna situación que requiere ayuda, es válido solicitarla para cuidarte.

*Nota: dentro de algunos rituales de protección en México, la pulsera roja tiene la intención de ser un escudo ante ciertos males o peligros.

Deja un comentario