¿Sufro porque quiero?

El dolor y el sufrimiento son experiencias humanas que constantemente se presentan dentro de un consultorio psicoterapéutico, acompañar dichas experiencias, desde mi perspectiva, vuelve necesario el trabajo constante con la (auto)compasión y la (auto)responsabilidad. Sin embargo, antes de saltar a las recomendaciones quiero compartirte información práctica y sencilla que te permita identificar, diferenciar y reconocer el valor que tiene tanto el dolor cómo el sufrimiento ¿te da curiosidad? siendo el caso, empecemos.

Te mencionaba anteriormente que el dolor y el sufrimiento son experiencias humanas y además son experiencias únicas, intransferibles, que hieren y que son complejas; las identificamos cómo displacenteras lo que puede generar tentación en ignorar su función. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, menciona que es una experiencia sensorial y emocional displacentera asociada a un daño actual o potencial, esta definición nos permite entender la raíz del dolor, que está ubicada en una una amenaza física o mental y que puede ser algo presente o futuro.

Sin el dolor nuestros medios de preservación no existirían, cuestión que lo hace muy importante para nuestra supervivencia. Ahora bien ¿lo mental tiene que ver con nuestra supervivencia? sí, y al ser este un espacio centrado en ello, me parece importante profundizar un poco más sobre el dolor mental, éste ocurre cuando se crea una herida en nuestro ser auténtic@ lo que genera grietas en nuestra personalidad, identidad y/o ego. Su raíz, está en el trauma, por lo que tiene la característica de ser muy complejo de expresar y sólo se siente, pues no hay palabras para describirlo. Aunque diversos estudios mencionan que el dolor físico y mental comparten funciones cerebrales, generando similitudes en su manifestación, es importante señalar que sus necesidades pueden ser distintas.

Frecuentemente, en el uso cotidiano de las palabras el dolor y el sufrimiento se utilizan como sinónimos, cuando en la realidad son dos experiencias distintas. El sufrimiento se relaciona con la pérdida o la ausencia de un objeto de deseo, cuando éste no es materializado la experiencia del sufrimiento sale a flote y se expresa con palabras, sensaciones o emociones que esto pueda generar. Cuando no es gestionado de manera adecuada, el sufrimiento, puede llegar al punto de interrogarnos con preguntas cómo ¿hasta cuándo?, ¿por qué a mí?, ¿qué hice? y ese camino conduce a la idea de qué me persigue, reduciendo nuestra agencia y responsabilidad en la vida.

El sufrimiento está influenciado por la sociedad y también es subjetivo, dicho de otro modo, aprendemos a sufrir de acuerdo a determinados valores/ideas. Estas características, han llevado a identificar ciertas funciones cómo: 1) la humanización, al moldear nuestra personalidad y ayudar a desarrollar la capacidad de empatía y (auto)compasión; 2) la madurez al integrar su complejidad para valorarlo en su justa medida y 3) la expiación pues una vez aceptado el conflicto, restaura la idea de justicia. En general, el sufrimiento invita a movilizar nuestras energías para atender una herida, la sugerencia es que sea desde un lugar (auto)compasivo.

Con lo presentado hasta ahora, en términos concretos, podemos diferenciar el dolor y el sufrimiento de la siguiente manera: El dolor es para la supervivencia, se relaciona con el trauma y se activa al observar una amenaza (actual o potencial); en cambio, el sufrimiento se manifiesta cuando hay una pérdida o ausencia de algo que deseamos, está influenciado por valores/creencias y es posible expresarlo con palabras. Y aunque tienen en común que son experiencias individuales, relacionadas con nuestras heridas, que son complejas y displacenteras es necesario entender que requieren de herramientas y cuidados diferentes.

Desafortunadamente, nuestra sociedad invita a la mutilación emocional, ya sea omitiendo recursos para la gestión o negando lo displacentero, se nos enseña a ver lo desagradable como algo negativo que hay que eliminar (para siempre de preferencia), cuando la realidad es que no hay placer sin lo desagradable. Acelerar la experiencia dolorosa o de sufrimiento, solo conduce a no sanarlo de manera adecuada y esto puede agravar o infectar la herida. En cambio, Si la responsabilidad de estas experiencias y de nuestras heridas está presente, es posible movilizar la energía necesaria para brindar la atención necesaria. Cada dolor y sufrimiento tienen su historia y es necesario escucharla para empezar a sanarla.

Cuando la gestión del dolor o el sufrimiento tiene éxito, irremediablemente lleva a un nivel mayor de conciencia y transformaciones para tu beneficio. No se trata de dejar estas experiencias de lado, sino de aprender a cuidarnos cuando atravesamos periodos de dolor o sufrimiento. Entonces ¿qué sigue?, ¿ahora qué se hace? mi primera recomendación es que cuando la herida es profunda o existe mucha confusión en cómo nombrar las cosas, lo ideal es acudir a tu espacio terapéutico de confianza y si no lo tienes puedes buscarlo, te sugiero leer el artículo sobre terapia.

Recuerda que nada sustituye el trabajo terapéutico. Sin embargo, a partir de la experiencia propia y profesional, quiero compartirte tres elementos que no pueden falta en tu botiquín emocional si vas a dar el primer paso en atender tu dolor o sufrimiento: 1) la claridad si desconoces qué está ocurriéndote será muy difícil atenderlo, busca momentos para pensar en justa medida la situación y qué es exactamente lo que duele o sufres; 2) la responsabilidad pues al saber qué pasa, hay mayor éxito en que te hagas cargo de ti mism@ y observes tus recursos para hacerlo y 3) tu red de apoyo, es válido pedir ayuda, identifica quienes y en qué te van ayudar específicamente para que tú sanes.

Recuerda que la construcción de tu bienestar depende de ti. El dolor y el sufrimiento van a existir en nuestras vidas es parte de ser human@s; por lo que, aprender y adquirir mejores maneras de cuidarte en esos momentos es resultado de tu compromiso contigo. Por último, quiero compartir contigo, que la auto-compasión es un elemento clave en todo tu proceso de crecimiento, incluyendo la gestión del dolor y el sufrimiento, por lo que aprender comprenderte desde un lugar amoroso es la herramienta «de cajón». Espero que la información que el día de hoy te comparto sea de utilidad para ti o alguien cercan@, nos seguimos leyendo.

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