NOTA IMPORTANTE: el siguiente artículo no puede ser utilizado para analizar relaciones violentas. Si tienes duda sobre cómo es una relación violenta puedes revisar el artículo ¡Basta de violencia de género!
Aprovechando la temática general de febrero, este mes quiero compartirte información sobre las relaciones humanas. Socialmente se está acostumbrad@ a que cuando escuchamos la palabra «relación» inmediatamente se asocia con una pareja, no obstante las relaciones van más allá de esa área de nuestras vidas pues son una de las bases de nuestra sociedad, tienen un papel muy importante en nuestra salud mental y en nuestros comportamientos por lo que me parece que aprender a nutrirlas, gestionarlas o incluso darles un fin son herramientas que nos permiten u obstaculizan en la construcción de una vida sana.
Las personas necesitamos de otras, si bien en un primer momento de nuestra historia social era una necesidad de supervivencia, con el tiempo y la evolución humana también se ha observado la importancia de la vinculación para un óptimo desarrollo personal. Actualmente las razones de tenerlas pueden ser múltiples, tales como: el placer que se siente al conectar, el querer pertenecer, la búsqueda de identidad, la necesidad de una red de apoyo, el gusto de la compañía, la construcción de metas y objetivos, entre otras. Todas estas razones pueden reducirse a que somos seres sociables, que requerimos de la mirada de la otra persona para afirmar nuestra existencia, no hay de otra.
Como personas adultas es común considerar que el necesitar las relaciones humanas es igual a depender de alguien más, esto está muy alejado de la realidad y nos lleva a caer en enredos, los cuales se basan en la desigualdad, la sensación de estar incomplet@s y depende de nosotr@s si transformamos esos enredos en relaciones que de verdad reflejen lo que deseamos. Las relaciones basadas en la desigualdad y en la idea de «la media naranja» (el completar) no son constructivas pues invariablemente llevan a dinámicas de poder. En cambio, las relaciones saludables se basan en la igualdad y la autonomía, en el apoyo y en algunos casos en la regulación para la convivencia social armoniosa. Se trata de encontrar el equilibrio personal entre el acercamiento y la distancia, es decir, saber cuándo es benéfico acercarme a alguien y cuándo es importante estar conmigo mism@.
A lo largo de estudios sociológicos, antropológicos y psicológicos se ha enfatizado en la importancia de las relaciones humanas para el desarrollo óptimo de las personas. Uno de los análisis que más me llama la atención es el del antropólogo Zygmunt Bauman, quien habla de las relaciones líquidas y sus consecuencias. Este concepto se refiere a las relaciones que tienen como característica la falta de compromiso, la fragilidad, la debilidad en su estructura, la inconsistencia y, agregaría, la necesidad de la inmediatez debido a las tecnologías. Relacionarse desde esta perspectiva nos lleva a relaciones enredosas que como mencionaba anteriormente van a generar dinámicas de poder, dinámicas que podemos observar en actos como el ghosting, el gaslighting, el love bombing, las actitudes narcisistas, la falta de acuerdos, entre otras acciones que llevan a que una parte de la relación quede en desventaja.
Por si fuera poco, el desarrollo de una sociedad individualista, narcisista e hiperconectada ha generado que las relaciones líquidas proliferen y de ahí que la percepción de soledad, aislamiento y no pertenencia vayan en aumento; impactando de manera individual y colectiva. Ahora bien ¿qué se puede hacer ante las relaciones líquidas? hay muchos frentes por los cuales puedes empezar tanto de manera colectiva como individual, términos generales hay que reconstruir el tejido social. Volver a prácticas que incrementen el compromiso, la cooperación, la solidaridad, el diálogo, el acompañamiento y el apoyo en nuestras relaciones es un primer gran paso; si bien cada relación es diferente, existen pautas generales que pueden ser guía en el camino de recuperar la conexión genuina en tus relaciones.
Como te mencionaba anteriormente, las relaciones líquidas van a terminar en enredos, es muy importante entender que los enredos son de todas las partes involucradas en esa relación, por lo que, es de mucha ayuda asumir en un primer momento la responsabilidad general para luego hilar fino en la responsabilidad individual ante tal enredo. Por ejemplo, piensa en un conflicto que tengas en este momento con alguna de tus relaciones, seguramente al pensar en él solo te centras en lo que la otra persona hace y te está molestando, si eso es correcto te propongo que observes más a detalle y te preguntes «¿qué hago yo para que esto ocurra?» o «¿cómo facilito que esto siga sucediendo?» tomate tu tiempo para meditarlo y una vez que lo tengas, si quieres, podrás observar que necesitas hacer para cambiar la situación.
En esa misma línea, hay algo que a mí me gusta señalar en terapia, y es que no se nos enseña a relacionarnos y tampoco a cuestionarnos nuestras necesidades-límites en cada una de nuestras relaciones. Lo que es común que ocurra es que se da por hecho y se fluye a partir de preceptos socialmente divulgados sobre lo que implica determinado tipo de relación. Cuando este dar por hecho es parte del enredo en una relación, me gusta utilizar tres pasos para poder iniciar un cambio en la vinculación:
1) Ser clar@ contigo: entender el para qué quieres mantener o mantienes un vínculo en específico abre el camino para cuestionarte ¿qué te brinda?, ¿qué recibes? o ¿qué diferencia esa relación de otras que tienes? esto consecuentemente llevará al segundo paso.
2) Cuál es tu rol: en todas las relaciones desempeñamos un rol, mismo que nos lleva a comportarnos de determinada manera, muchas veces asumir roles que no corresponden a la relación o que no deseamos asumir llevan a situaciones de conflicto, por ejemplo maternar/paternar a las parejas, infantilizarnos con las amistades, ser guías de nuestras figuras paterna/materna, por mencionar algunos. Para entender el rol que desempeñas puedes preguntarte lo siguiente ¿qué de lo que aporto nutre esa relación? y ¿qué la vuelve un enredo?, ¿qué necesita esta relación de mí para que sea lo que quiero?, ¿qué es lo que deseo mantener y eliminar en mi relación? la información que obtengas del paso uno y dos serán clave para ir al número tres.
3) Comunica: lo ideal es que lo hagas de una forma asertiva, puedes revisar el artículo sobre el tema para adquirir herramientas de cómo hacerlo. En este paso es importante validar tus deseos y también la individualidad de la(s) otra(s) persona(s). Compartir la información que obtienes es de suma importancia para estar en el mismo canal con quienes te rodean, en particular con quien tienes conflicto, esto facilita el trabajo en equipo y la posibilidad de cambiar aquello que solo marchita el vínculo.
¿Tienes que hacer los tres pasos para relacionarte? no, no es obligación es una herramienta que te comparto para que puedas mejorar, fortalecer y nutrir tus vínculos. Crear un trabajo consciente sobre nuestras pautas relacionales y lo que deseamos cambiar de ellas cuesta y a veces es incómodo, no obstante los frutos de ese trabajo nos permiten vivir nuestras relaciones humanas en vez de sufrirlas. Espero que esta información sea de utilidad para ti y te beneficie para seguir construyendo la vida saludable que estás buscando.

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