Mar de emociones II

Diciembre me parece un mes muy complejo, lo pienso como una montaña rusa por diversas razones: una es la gama tan diversa de emociones experimentadas, por cómo gestionamos nuestras relaciones durante estas fechas, la importancia que se le da al cambio, la fantasía del siguiente año, etc. por tanto ¿qué mejor oportunidad para profundizar un poco en las emociones complejas? mismas que solo fueron mencionadas en Mar de emociones I (donde se profundiza sobre emociones básicas), así que en esta ocasión quiero compartirte información sobre 4 emociones complejas: frustración, celos, vergüenza y culpa.

Antes de empezar, me parece importante mencionar que las emociones complejas implican procesos de evaluación cognitiva a partir de la vida moral; dicho de otro modo, nuestros aprendizajes sociales van a influir en nuestras emociones básicas para crear emociones más complejas, sobre nuestras experiencias de vida. Así que, al generar una valoración de nosotr@s mism@s ante una situación, con una serie de criterios del «deber» y quizá poca claridad emocional, dan origen a una tormenta en este mar de emociones que navegamos.

Entonces, ya adentrándonos en las emociones individualmente, quisiera preguntarte ¿Cómo te sientes cuando te das cuenta que la resolución de algo que quieres no puede ser de la forma que quieres? ahora por curiosidad ¿entre las opciones está la frustración?. En muchas ocasiones me he encontrado con la negativa de sentir la frustración y; si reflexionamos un poco, es entendible ya que vivimos en una sociedad hiper-exigente de perfección, con un gran ojo público y con condicionantes socio-históricas de lo que está «bien y mal» sentir. Sin embargo, que sea común relacionarnos así con la frustración no significa que sea efectivo.

Si no se gestiona de manera adecuada, esta emoción puede interferir en las relaciones sociales, generar fobias, enfermedades físicas, depresión o propensión a las adiciones. Como todas las emociones, es importante reconocerla para entender qué hacer con ella y aunque las herramientas son personalizadas para lograrlo, algunas generales pueden ser de ayuda para aprender a gestionarte emocionalmente. Me parece importante, en primer lugar, entender que la frustración proviene de la ira y decepción de no lograr lo que se desea y; en segundo lugar, llama a la responsabilidad de buscar alternativas que te permitan lograr tu objetivo. ¿quieres intentar un ejercicio? te propongo que la próxima vez que sientas frustración: primero respira a tu ritmo, toma un poco de distancia/tiempo de la situación y con la cabeza clara re-valora tus opciones ¿lo lees razonable?.

Para continuar quiero hablarte de los celos que; a mi parecer, son la emoción más juzgada de todas siendo la incapacidad de separa la emoción de la acción lo que más perjudica su manejo. Esto puede crear una sobre-dimensión o represión de la emoción, lo que me lleva a recordarte que: sentir lo que sientes no es incorrecto o correcto es una respuesta biopsicosocial, que tampoco se puede controlar y mucho menos eliminar de tu ser; lo que si es posible, es aprender a actuar de mejores maneras cuando te sientes de determinadas formas, cuestión que me parece una buena oportunidad que nos regalan los celos.

Esta emoción surge cuando la inseguridad, el miedo, la preocupación, la envidia y la ansiedad se mezclan ante la posibilidad de perder algo/alguien. Cuando los celos aparecen es porque existe un tercero en discordia que puede obtener aquello que tanto nos gusta, bajo esta mirada es posible ser compasiv@s para trabajar la emoción. La auto-exploración y la comunicación son herramientas muy importantes para trabajar con los celos. Para el manejo de esta emoción es recomendable la terapia, pues implica procesos de cambio conscientes en los que es mejor tener «un tercer ojo»; pero si deseas empezar a explorarlo, te recomiendo que trates de reflexionar sobre ¿Qué temes perder? en concreto.

En muchas ocasiones me he encontrado con que los celos vienen acompañados de la vergüenza, no siempre están juntas cabe aclarar, aún así no es extraño que hagan equipo en ocasiones puesto que: la vergüenza está asociada a las creencias, valores, percepciones de lo que es positivo y negativo. Entonces nos conecta con la humillación de ser valorad@s negativamente, cumpliendo la función principal de regularnos en sociedad. Sin embargo, su aparición excesiva y paralizante puede llegar a crear conflictos en las personas, siendo mi sugerencia la de iniciar el proceso de depuración y discernir qué quieres creer, pensar y sentir.

Me parece importante empezar a cuestionar las cosas por las que sentimos vergüenza, hacer un reseteo, ya que hay factores sociales que son altamente cuestionables. Durante la investigación de las ciberviolencias sexuales que realicé en la maestría, observé parte de las consecuencias de la indefensión aprendida (que todas hemos introyectado) ¿desde cuándo la vergüenza de una experiencia así es de la víctima y no de quien agrede? y claro que esto puede cambiar, evidenciar este hecho en particular me parece una forma de señalar un mal social que repercute gravemente en las mujeres, en este caso. Por lo que pienso que periódicamente revisar lo que nos avergüenza, no está de más.

Una emoción que no está tan alejada de la vergüenza es la culpa. Cuando sientes que has hecho daño y hay que reparar algo ¿no sientes culpa? si es el caso, no es extraño sentirlo ya que la palabra por sí misma hace referencia a: la causa de un daño o perjuicio. Teniendo en cuenta su significado, cuando la experimentamos como emoción tiene sentido que ante una situación de esa índole emociones como arrepentimiento, ansiedad e inquietud se combinen para que la culpa se manifieste.

La culpa mal gestionada la observo como una gran carga, en donde hay cosas que sí me corresponde llevar y hay cosas que les pertenecen a otras personas, por lo que es adecuado devolverlo para aligerar el peso. Si te sientes en deuda con algún error que cometiste o un daño que hiciste, es valioso aceptar la responsabilidad de lo hecho y hacerte cargo de tu parte. Si no sabes cómo empezar, te dejo una pista, solo nos podemos responsabilizar de lo que pensamos, sentimos y hacemos ¿te da alguna idea de por dónde empezar?.

Cómo podrás observar, la articulación entre lo social y lo individual es lo que nos hace experimentar estas emociones con tanto enredo, por lo que quiero recordarte que es válido que te sientas abrumad@, respira a tu ritmo. En muchas ocasiones las cosas no sucederán como deseemos, en muchas otras sí, en muchas ocasiones podremos con las situaciones, en muchas otras no, en muchas ocasiones sabrás qué hacer y en muchas otras no; tomar un respiro y re-evalúa.

Al compartirte esto me gustaría ayudarte a tu proceso de aprender a validar tus emociones, reconocerlas, atenderlas y soltarlas; está bien si no sabes qué hacer para empezar y si ese es tu caso, te recomiendo pedir ayuda profesional para encontrar la manera más adecuada de gestionarte emocionalmente. Por último, la información sobre las emociones tiene mucho valor si estás en el camino de construirte tu salud mental, mi recomendación es que trates de nutrirte de ese aprendizaje sin juzgarte a ti.

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