El 25 de noviembre es el día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres; por esta razón, me parece importante compartirles información que permita disipar conductas revictimizantes hacia las mujeres y, de ser posible, crear consciencia de lo importante que es trabajar para la eliminación de la violencia. Empezando desde el inicio, cabe aclarar que definir «violencia» es complejo ya que tiene características subjetivas, temporales y contextuales; es decir, que la violencia puede ser ejecutada y percibida de distintas maneras dependiendo la víctima, el victimario, el tiempo en el que se ubica el acto y el contexto en donde se ejecutó la violencia.
Ahora bien, eso no ha impedido que tengamos características básicas que facilitan su identificación las más importantes son: (1) tiene la finalidad, consciente o inconsciente, de ejercer el poder sobre alguien más; (2) generando así una relación de inequidad y desigualdad que tiene como consecuencia (3) impedir el desarrollo pleno de las habilidades y capacidades de la víctima. A lo largo de la historia se han creado justificaciones ideológicas que han permitido que estos tres puntos se ejecuten sobre grupos vulnerados por su raza, edad, religión, nacionalidad, el físico, la ideología… y el género.
En la ley de mexicana se entiende como violencia hacia las mujeres lo siguiente «Cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público«. Aun con esa claridad en su definición existen diversos factores que limitan o imposibilitan a las mujeres el acceso a la justicia, ya sea la precariedad de recursos, la ignorancia de los derechos, la revictimización de las instituciones, entre otras posibilidades. Quisiera señalar que las cifras de enero-agosto 2023 de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana; oficialmente declaran 572 presuntos feminicidios nivel nacional, no solo el hecho de que exista ese número de feminicidios en ocho meses es impactante sino que también, comprender que existen muchos otros que no están siendo denunciados por los motivos antes mencionados pasando a los conocidos «informes sombra».
Además, más allá de lo que la ley menciona, dentro de los estudios históricos, antropológicos, sociológicos y psicológicos se ha encontrado que la violencia hacia las mujeres tiene un alcance histórico que ha institucionalizado su ejercicio en la estructura social. Sabiendo lo anterior, me gustaría centrarme en dos cuestiones que dentro de mi práctica profesional me han permitido trabajar situaciones de violencia hacia las mujeres y su eliminación; el primero, es entender que la violencia tiene un ciclo y, el segundo, es que la cultura de la atención es una respuesta social más adecuada para las víctimas.
Considero que entender que la violencia tiene un ciclo es de mucha ayuda ya que evidencia lo complejo, a veces paradójico, que es experimentar situaciones así y sanarlas. Ahora bien, la propuesta del ciclo de la violencia es de la psicóloga Leonor Walker, en ella menciona que existen tres fases siendo la primera la acumulación de la tensión que puede manifestarse con gritos, enojo constante, irritabilidad o humillaciones; luego viene la explosión de la tensión que se hace expresa con golpes, empujones, amenazas con armas, romper objetos o herir físicamente y; continua, con la etapa de la luna de miel en la que el arrepentimiento se manifiesta por medio de promesas, regalos, el pedir perdón… reiniciando el ciclo nuevamente.
Vivirse dentro de esta situación tiene consecuencias graves no solo en los aspectos físicos y materiales, sino también en los psíquicos y emocionales como desarrollar estrés post-traumático, cuadros de ansiedad, cuadros de depresión, la reducción del autoestima, aislamiento social, pérdida de la motivación cómo ejemplos. Experimentar este tipo de situaciones de manera reiterada en un continuum de la violencia puede ocasionar que las víctimas aprendan a no defenderse, a esto se le conoce como indefensión aprendida, lo que lleva a muchas mujeres a vivir las violencias de manera aislada, silenciosa y a veces hasta justificada.
Quiero dejar en claro que las mujeres no son responsables (culpables dice la sociedad) de la violencia que experimentan, además, si al leer esto te das cuenta de que vives una situación de violencia y deseas saber qué hacer, las recomendaciones generales (puedes tener tus deseos particulares sobre como proceder) son: la búsqueda o el acercamiento a tu red de apoyo, comunicar lo que te ocurre en quienes confíes, buscar apoyo profesional de cualquier área que requieras e informarte sobre qué ocurre y qué puedes hacer al respecto; y una recomendación que yo hago es, no le debes nada a nadie por lo que puedes vivir tu proceso de denuncia y/o sanación al ritmo que necesites.
Con lo anterior, se entiende que de manera individual vivir violencia es muy complejo y dañino, si a eso se le suma la parte colectiva, el daño y la complejidad de la experiencia se profundizan. En mi paso académico me di cuenta de lo importante que es empezar a edificar una cultura de la atención a las víctimas, si queremos eliminar la violencia hacia las mujeres en México, país que ha edificado e institucionalizado una cultura de la denuncia para cualquier delito. Ser ciudadana en una cultura de la denuncia implica hacerte responsable no solo de denunciar (a veces parece que defender) tu experiencia de violencia sino también, hacerte cargo del trabajo institucional del Estado y la sociedad.
Y es que el denunciar para las mujeres mexicanas implica pensar una serie de posibilidades pues se puede vivir revictimización en diferentes formas como que te atienda otro agresor o incluso un cómplice; también está la duda si tendrás que buscar justicia por tu cuenta acto que tiene un precio o tu familia en tu nombre lo paga; incluso preguntarte si saldrás viva de denunciar. Con este tipo de situaciones me pregunto ¿cómo es posible que se juzgue a las víctimas por no denunciar cuando no hay condiciones para hacerlo? con una sola vez que pase algo así la confianza para denunciar se pierde, es evidente que no hay ningún espacio real para hacerlo ¿con qué cara se les exige denuncias a las mujeres víctimas de violencia?.
Considero urgente construir estos espacios de atención a las víctimas para que puedan ser recibidas de la manera adecuada, sus procesos sean ágiles, que el personal esté preparado y que se pueda trabajar multidisciplinariamente para la resolución y sanación. Mi recomendación básica para iniciar ese cambio es empezar a ser compasiv@s con las víctimas y entender que se camina al ritmo de ellas, aprender a acompañar desde la asertividad y el respeto; en caso de ser red de apoyo, hay algo que les señalo si no eres profesional en el tema no estás obligad@ a saber qué hacer y cómo actuar, te toca aprender si quieres estar presente, las personas profesionales NO tienen esta oportunidad. Quiero mencionarte que es posible aprender a ser mejores acompañantes para las víctimas de violencia, ser espacios seguros y de comprensión que permitan atravesar el proceso que necesitan.
Lo que hasta este momento he desarrollado, espero que logre evidenciar lo complejo que es para las mujeres vivir la violencia y lo necesario que es cambiar la manera de acompañarlas. Pienso que no hacer el trabajo necesario para este cambio implica que las mujeres que estamos y las que vienen, continuemos sin poder desarrollarnos plenamente como personas; ya que, dedicarle parte de nuestra atención a sobrevivir al campo de batalla que es la realidad se convierte en una carga mental que obstaculiza el verdadero camino. Las sociedades necesitan a las mujeres sanas, tranquilas, libres, seguras y vivas para poder sobrevivir.

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