El 10 de octubre es el día mundial de la salud mental, es un mes en el cual creo que es importante reflexionar (más) sobre lo que hacemos o dejamos de hacer para el beneficio de esta parte de la salud humana, que en ocasiones es relegada por diversidad de razones. Así que este mes quiero compartirte información muy básica de lo que se ha acordado que es la salud mental, con la finalidad de que te permita atender tu salud mental como más te resulte conveniente y quizá, algunas recomendaciones.
Definir la salud mental ha sido un proceso histórico de acuerdos y desacuerdos, aunque se ha homologado una definición ésta también es bastante criticada. La OMS (Organización Mundial de la Salud) refiere que la salud mental es un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma fructífera y puede aportar algo a su comunidad, una definición que intenta abarcar todos los aspectos de la vida humana, que aun así ha sido criticada por no hacer explícita la relación dinámica que existe entre persona y comunidad, por otro lado, la falta de perspectiva multidisciplinaria en el concepto. Gracias a esto se han diversificado los abordajes de la salud mental, me gustaría hablarte de dos que se consideran los más predominantes:
1. Perspectiva desde la ausencia de enfermedad: parte desde el enfoque clínico, en el cual se da prioridad a la ausencia de enfermedades o trastornos a partir a los modelos bio-médicos. Se atienden las alteraciones en la «normalidad» de la persona con tratamientos especializados, individualizando el síntoma y reduciendo lo mental a un proceso biológico.
2. Perspectiva de la armonía en el ser: enfocada en el tratamiento preventivo, la promoción de conocimientos, hábitos y estilos de vida saludables. Concibe la salud cómo un estado positivo, de re-adaptación permanente para facilitar el auto-descubrimiento, la auto-afirmación y la validación. En consecuencia se construye la capacidad de amar, de ejecutar las funciones cotidianas y de comunicarse asertivamente.
Profundizando un poco más la segunda perspectiva, ya que es con la que trabajo, para este enfoque humanista la experiencia de la persona y cómo la narra es de suma importancia, pues a partir de eso es que se puede ir entendiendo el dónde, el para qué y el qué de la situación o conflicto vivido. Trabajar desde esta perspectiva tiene resultados que pueden observarse en lo cotidiano con actos, estilos de vida, hábitos, nuevas formas de respuesta y también a un nivel más profundo de consciencia, reflexión y análisis personal, todo esto encaminado a expandir la posibilidad de libertad de la persona y armonía social.
La salud mental es una parte fundamental para el estado de bienestar personal y colectivo, cuidarla y mantenerla es un trabajo entre lo individual y lo social. Sin embargo, una realidad también es la complicación al acceso de la salud mental, ya sea por falta de información o recursos y aunque esto es una realidad que se vive individualmente, pienso que es un trabajo colectivo lograr que el acceso sea equitativo para todas. Trayendo como consigna el slogan del «Report from the WHO European Ministerial Conference» del 2005 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), «no hay salud sin salud mental» y la pandemia y pos-pandemia, nos lo han remarcado más ese hecho durante estos años.
Elegir una vida saludable no siempre es sencillo, ya que existen hábitos propios o sociales que facilitan que caigamos en modos de vida inadecuados. Aun así es posible responsabilizarnos de nuestra salud mental de diferentes formas, me gustaría compartirte las más recomendadas y que también pueden ser trabajadas sin la necesidad de muchos recursos, estas son:
Actividad física y ocio: hacer conciencia de tu cuerpo por medio del movimiento te ayudará a entenderlo para darle lo que necesita, procura encontrar el equilibrio con periodos de ocio, es recomendable que ambas actividades sean proporcionales.
Relaciones sociales: somos seres en un mundo social, necesitamos de las relaciones interpersonales para poder sobrevivir, de ahí que sea importante buscar y nutrir vínculos que te permitan sentirte en compañía y con la seguridad necesaria para desarrollarte.
Desarrollar la capacidad de estar presente: permite un estado de contacto con tus emociones con la experiencia que vives, esto facilita la resolución a los conflictos y el manejo emocional adecuado. El no hacerlo puede llevar a la ansiedad o a la depresión.
La espiritualidad: existen diversas maneras en las cuales las personas nos conectamos con lo trascendental, aquello fuera de nuestro control y lo que se encuentra «más allá» de nuestro entendimiento, mantener esa conexión facilita el camino a la plenitud.
La construcción de la autorrealización: la forma en cómo utilicemos nuestras experiencias puede facilitar u obstaculizar nuestra autorrealización. Éstas se pueden convertir en aprendizajes orientados a madurar o en cargas que impiden el desarrollo óptimo de las habilidades personales.
Si bien lo anterior son recomendaciones generales y básicas, es importante que esto no sustituye la atención psicológica, terapéutica y/ psiquiátrica que se puede necesitar en casos que requieran más profundidad. En una sociedad hipercomunicada como la actual, es entendible que cueste cada vez más pedir ayuda pues los juicios inundan todos los medios de comunicación, por lo que se vuelve más relevante e importante que de manera individual y colectiva empecemos a tomar las riendas de nuestra salud mental en acciones cómo buscar información, pedir ayuda, conversar, comprender las políticas públicas de salud… entre otras formas que permitan cuidarte y cuidar.
Lo importante es empezar, seguir intentando y mejorar cada día. Para concluir, quiero decirte que (aunque no parezca en este momento) nadie sabe mejor que tú lo que es adecuado e inadecuado para ti, tu cuerpo te lo dice inmediatamente, así que si aprendes a escucharte mejor será posible tomar mejores decisiones que favorezcan a tu estilo de vida saludable, te deseo que encuentres ese camino y puedas mejorar un día a la vez.

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