¿Qué caminos recorrer?

Para mí, es muy importante entender la dimensión del acto de decidir, ya que tiene diferentes aristas que lo vuelve más complejo y tener herramientas adecuadas para elegir mejor, pienso que facilita muchas cosas. Ahora bien, empecemos desde lo básico, en el diccionario podemos encontrar que decidir es: «escoger una de las opciones de un asunto, después de reflexionar sobre él» como verbo, parece sencillo aunque como acto se van agregando diversos factores que pueden facilitar o entorpecer nuestra capacidad decidir.

Así que, el día de hoy, quiero compartirte algunos elementos que pueden apoyar a una mejor toma de decisiones, hacernos cargo de nosotr@s mism@s es un compromiso que nos invita constantemente a elegir caminos, a tomar decisiones, por lo que considero que saber qué quiero o puedo enfrentarme es una luz dentro de ese recorrido. En mi experiencia profesional, he encontrado dos formas de manejar la toma de decisiones que parecen muy recurrentes:

1. Sobrepensar las consecuencias: decidir implica tomar algo y dejar otra cosa, no hay forma de que eso no tenga consecuencias y que aparezca la incertidumbre (en distintos niveles) de su impacto, si a eso le agregamos que nuestros sistemas de crianza, determinados valores, conceptos, experiencias, ideologías… inevitablemente influyen en nuestra toma de decisiones. Lo que suele producir es bruma, agobio, ansiedad para impedir decidir algo, si te encuentras en una situación así te recomiendo que trates de buscar más allá de lo «bueno y malo» para empezar a priorizar lo que te es adecuado e inadecuado en ese momento.

Buscar lo adecuado a nuestro bienestar es una forma más «personalizada» de informarte, reflexionar y llevar a cabo las cosas, pues la etiqueta de «bueno y malo» obedece a un sistema de creencias sociales con las cuales puedes no coincidir o no te benefician. Entonces ¿es válido no saber qué camino tomar? claro que sí, además de que no siempre vamos a tener consciencia de cómo hacer las cosas, en ocasiones, se aprende a partir del ensayo y error. También es válido querer aprender a tomar mejores decisiones y buscar herramientas, para ese objetivo herramientas como la terapia, la asesoría psicológica, el uso de tablas, el FODA, la lista de pros y contras, pedir opiniones, buscar información, entre otros recursos que pueden ayudarte a incrementar la claridad que requieres para elegir.

2. La parálisis: quiero aclarar que cuando hablo de parálisis no me refiero a aquella que surge de manera instintiva, a partir de nuestras emociones básicas. En esta ocasión entenderemos parálisis como el hecho de buscar (consciente o inconsciente) la manera de no hacerme cargo de mis decisiones, responsabilizando a otr@s de mis actos y consecuencias. No confundamos recibir ayuda de la falta de auto-responsabilidad, en la primera la otra persona da lo que puede dar de acuerdo a lo que necesito sin que exista conflicto en la relación y; en la segunda, existe una manipulación para que la otra persona se haga cargo de mi decisión.

Como señalaba antes, es válido tener dudas sobre qué camino tomar y también es válido equivocarnos al decidir, existe la posibilidad de rectificar, de aprender para el futuro, de resolver y/o de aprender. Es bajo esta perspectiva, muy compasiva con nosotr@s mism@s, que es posible sentarse a reflexionar sobre las opciones a escoger y así aprender a confiar que sabemos lo que resulta adecuado para nuestro bienestar.

Todas las personas podemos pasar por lo que se describe en los párrafos anteriores, es algo común y que puede vivirse en diferentes niveles de intensidad. También hay factores que impactan de maneras más particulares a grupos de población como las mujeres y aunque no voy a profundizar en la raíz socio-histórica de cómo impacta el patriarcado y la misoginia en la capacidad de decisión; pues hay autoras como Federicci, Lagarde, Solnit, Gay, Beauvoir, Lamas (no muy fan, pero habla del tema) que ya lo han explicado a profundidad.

Para este artículo me gustaría que destacáramos dos cosas, que dichas autoras han mencionado, la primera es que la designación obligatoria de las tareas de cuidado/reproducción a las mujeres ha sido un obstáculo para tomar decisiones; pues la carga mental se convierte en una prioridad permanente que impide el tiempo de reflexión para elegir individualmente lo que es más adecuado o al gusto. Esto tiene raíz en la creencia de que una mujer que se pone primero es egoísta, lo que genera culpa y entorpece la claridad entre lo adecuado e inadecuado, cediendo a lo que es «bueno o malo», según la situación.

En ese mismo sentido el segundo factor es el mansplaining, que ha sido descrito como: la actitud masculina de explicar cosas a las mujeres sin necesidad o petición alguna. Esto me ha llevado a reflexionar que si históricamente las mujeres hemos vivido el discurso de «no sabes…/no puedes…» aprendiendo a que nuestro criterio no es suficientemente acertado o, como algunos machistas mencionan, lógico. Esto puede llegar a ser uno de los factores por los cuales se vive violencia, la creencia de que sin la otra persona no somos alguien, por lo que hay que tener mucho cuidado en construir y no perder nuestra autonomía.

Dicho lo anterior es evidente que el suelo en nuestros caminos no es parejo, si a ello le sumamos otros factores socio-históricos que condicionan nuestros recursos y posibilidades, decidir adecuadamente se vuelve más complejo y a veces hasta difícil. Bajo estas circunstancias ¿es posible hacer algo de manera individual? la respuesta corta es sí, las personas hemos aprendido a tomar decisiones, así como a mejorar esa toma de decisiones y, algo que recomiendo es que ese cambio resulta más llevadero si se hace desde un lugar compasivo, de paciencia, reflexión y deseo de des-aprender lo aprendido.

Nuestras motivaciones, niveles de compromiso y formas de decidir son válidas en la medida que no violenten a otras personas; por lo que, el desacuerdo en nuestras decisiones no es motivo para violentar. Si bien el tiempo para reflexionar ayuda mucho a entender el camino que se quiere tomar, hacemos lo mejor que podemos con lo que se tiene, nuestras elecciones no son una condena sino un camino para aprender a ser mejores personas. Por último, quiero invitarte a encontrar el ritmo que te permita tomar mejores decisiones para tu bienestar.

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