Antes de iniciar, quiero aclarar que el tema de las emociones es bastante amplio, es complejo, tiene distintas formas de ser abordado y atendido. Por tanto, lo que voy a compartirles durante este mes, tiene relación con las cuatro emociones que considero de las más básicas para empezar a reconocer en nuestra vida.
Las emociones son parte de lo que nos hace human@s, nos permiten entender e interpretar el mundo para poder relacionarnos con él. Son tan necesarias para la vida humana y a la vez tan malentendidas que, durante mucho tiempo y en muchas culturas, se ha creado la idea de que existen «emociones buenas» y «emociones malas». En consecuencia, tendemos a reprimirlas o romantizarlas ya que hemos aprendido a evitar «lo malo» para ir en busca de «lo bueno».
La gestión emocional tiene múltiples impactos en nuestra vida, puede facilitar u obstaculizar varios aspectos, tales como: nuestras relaciones, la ejecución de nuestras metas, la auto-percepción, la salud física, entre otras. Por ende, resulta conveniente buscar mejores herramientas de gestión emocional que nos permitan atenderlas de maneras sanas.
Por fortuna, cada vez es más común hablar de inteligencia y gestión emocional, pese a que se lucha un largo historial de carencias emocionales, es posible aprender a comunicar asertivamente, darnos un tiempo fuera, resolver conflictos, negociar, responsabilizarnos, entre muchas cosas más que permiten una vida con mayor tranquilidad. En todas mis consultas me gusta señalar que: para vivir un proceso terapéutico es necesario tener (o adquirir) paciencia y compasión, con la finalidad de tratarnos con respeto durante el proceso que se avecina.
Ahora bien, hablando específicamente de las emociones, en varias teorías nos encontraremos que existe una división entre emociones básicas y emociones complejas, que se abordarán en otra ocasión. Las emociones básicas, tienden a variar un poco de autor/a en autor/a, lo común es encontrar la felicidad, la tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa y el asco; lo que tienen en común estas emociones es que forman parte de respuestas fisiológicas a la evolución de nuestra especie, activando nuestro cerebro primitivo.
Entonces todas las emociones tienen una función biológica y/o social, nos permiten aprender a interactuar con nuestro entorno para (sobre)vivir. La insistencia de la terapia psicológica de permitirnos sentir, no es a la ligera, tiene un peso que cómo podemos observar resulta de mucho valor para nuestro desarrollo humano. Sentir está es adecuado, puede ser displacentero y eso no lo hace incorrecto; te propongo algo, la siguiente vez que descubras que evades alguna emoción te permitas sentirla y descubrir que necesita de ti ¿te parece?.
Ahora bien, de las emociones básicas, yo considero todavía más básicas cuatro de ella. Empezando con la felicidad, es de las emociones más deseas y romantizadas en la sociedad, hemos aprendido a considerar que la felicidad es una meta a lograr cuando en realidad es una señal de que logramos llegar a la meta. Dicho de otro modo, la felicidad es la emoción que nos señala que cumplimos con un objetivo y es momento de celebrarlo para continuar.
Claro que es placentero sentirla y por ello buscaremos volver a sentirla, ese no es el inconveniente. Lo no saludable con la felicidad, se manifiesta cuando ésta se vuelve nuestro objetivo único, lo que consecuentemente lleva a evitar el resto de las emociones ya sea ignorándolas, minimizándolas o ridiculizándolas. Sentirnos felices es indiscutiblemente beneficioso y placentero, solo procuremos que no sea a costa del resto de emociones que también merecen sus momentos.
Continuando, la segunda emoción es: la tristeza que nos permite conectar con la pérdida, el fracaso o la desilusión, tres situaciones que repetidamente enfrentaremos en la vida. Sin embargo, hemos aprendido qué hay que «guardar» esta emoción y cómo un vaso que poco a poco se va llenando de agua se vuelve más pesado con cada gota.
Aprender a gestionar la pérdida, el fracaso o la desilusión no va a impedir que sintamos tristeza, ya que no se trata de mutilarnos emocionalmente, gestionar la pérdida de maneras más adecuadas permite 1) atravesar con el menor daño posible la tormenta y 2) aprender mejores maneras de protegernos de dicha tormenta.
Recordando ese vaso de agua, imagina que el agua lo llena con una presión que no es posible de contener para el vaso, en un punto se romperá. Algo parecido nos ocurre con la ira, que hace manifiesta una amenaza o quebrantamiento de límites, entonces existe para cuidar nuestros límites y no ser lastimad@s, el inconveniente resulta cuándo se soporta hasta explotar violentamente.
Cabe mencionar que en una sociedad tan positiva y misógina como la actual, aprendemos a rechazar la expresión de la ira (haciendo particularidades basadas en el género) y cómo resultado cuesta poner límites, explotamos constantemente, tenemos problemas intestinales, llegamos a la ira fácilmente, nuestras relaciones tienden a ser conflictivas y más consecuencias. Si descubres que tienes ciertos conflictos con este tema, te recomiendo que aprendas a poner límites y comunicarte asertivamente.
La última emoción en la que profundizaremos es el miedo, que me parece es de las más complejas entre éstas cuatro, debido a que nos conecta con reflejos instintivos que evolutivamente necesitamos y, también tiene dimensiones sociales que pueden permitir que experimentemos diversos niveles de intensidad. Aún así, en ambas circunstancias, el miedo advierte del peligro o de una posible situación de riesgo.
Sentir miedo es necesario para construir nuestra seguridad. En muchos contextos es posible aprender que la ausencia de miedo es la valentía, cuando en realidad es el sentirnos capaces (segur@s) ante la situación que nos atemoriza, reconocer en qué condiciones está el agua para obtener la información que necesito y así nadar.
Para ir cerrando, me gustaría recordarte que sentir es lo que te hace human@, todo lo que sientas es válido y no tiene nada de malo. Aprender a identificar, escuchar, atender y soltar las emociones es un camino para la vida, por lo que sugiero que lo mejor es tratarnos en ese trayecto con paciencia y compasión.
Si consideras que no sabes o tienes algunas complicaciones en gestionar tus emociones está bien pedir ayuda. Sinceramente espero que encuentres a la persona indicada para ti y que te acompañe en ese proceso de una forma cálida y respetuosa. Te deseo un buen día y nos leemos pronto.

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